Me veo reflejada en el fracaso de otra gente y me respondo amenudo que no tengo porque ser yo quien termine de esa manera, tan agotada, tan perdida. Pero inexorablemente soy esas personas: todas. Soy su mirada vacía, sus almas sin amor.
Odio personificar la historia deprimente que repite la gente por pena. Odio ser mi propia historia de desamor constante. Y quizás, estoy, de hecho, pidiendo demasiado, sólo que a todos parece no costarle y ahí pienso que mi pedido es sólo normal.
¡Quiero ser quien quiero!
lunes, 24 de marzo de 2008
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