domingo, 27 de julio de 2008
Com pa rar
Comparaciones de otoño, tan inevitables como respirar o mirar esas cosas que nadie debe mirar. Comparar, inevitable tarea. Te comparo, hoy a vos, con aquel, de ayer. Y sabe disculparme porque te digo, es inevitable. Así que empiezo por nariz, pelo, boca. Sigo con actitudes, palabras, inteligencia, años, vida, grado de psicosis. Y no paro. Es que tampoco puedo hacerlo. Ya me gusta, creo. Es que cuando comparo no hay manera que nada le gane al perfecto y mágico amor que vos sí me das y que el no supo darme. Y vuelvo después a comparar que no hay nadie (ni siquiera él) que me haga sentir tan completa como vos, que me tome de la mano tan delicadamente y me de un beso cuando cierro mis ojos. En este caso, ambos sabemos que las comparaciones no te afectan, porque por mucho que pensemos seguís siendo tan vos que no hay contraste que contrarreste lo que te amo.
miércoles, 9 de julio de 2008
Terminamos de ver esa película. Eran pasadas las dos de la madrugada. Acostados esperábamos como siempre el amanecer. Y no llegaba. Entonces entre bocas secas y cigarrillos largos, con humo en las manos, me preguntaste: “y, ¿vos a quién borrarías?”, te miré fijo y te dije murmurando: “a vos”. Tu cara de sorpresa fue increíblemente hermosa, cara de no entender nada. Y entre esas sábanas te expliqué, que me completabas, que desde que eras mío las cosas que solían hacerme feliz no se comparaban con estar a tu lado, y que siendo siempre así, nosotros, sería feliz por la eternidad, pero como los sentimientos se degradan y la vida pasa, no podía esperar ser así de feliz para siempre, por eso, prefería borrarte de una vez, para algún día poder volver a encontrarte y ser feliz completamente: tal y como fui la vez que te conocí. Sólo que no lo sabría, pero extendería unos momentos más esa felicidad que se desvanece en la rutina.Y me miraste de nuevo, tu ‘entre sonrisa’ que me encanta, y me diste un beso con gusto a piel tuya, recostándote entre mis brazos y mirando la ventana dijiste: “¿porqué tarda tanto el amanecer?”
Otra vez lo mismo
Lo mismo mismo mismo
Tu
Boca calle
Siempre lo mismo mismo
Y siempre amándote queriendo
Lejos, frío, allá
Y yo
Acá
Extraño, extraño.
Te
No, es decir, no
Debo te tanto
Y nada que hacer con la nada
Que no vuelve ya
Y vos fumas tu vida mismo
Misma nada
Misma, siempre
Misma yo así acá
Te extraño, extraño.
Lo mismo mismo mismo
Tu
Boca calle
Siempre lo mismo mismo
Y siempre amándote queriendo
Lejos, frío, allá
Y yo
Acá
Extraño, extraño.
Te
No, es decir, no
Debo te tanto
Y nada que hacer con la nada
Que no vuelve ya
Y vos fumas tu vida mismo
Misma nada
Misma, siempre
Misma yo así acá
Te extraño, extraño.
Nuevamente la noche me encontraba despierta. Insomnio. Y “nuevamente” era mi segundo nombre. Las noches se presentaban llenas de todo: preguntas, dudas, fantasías, música, libros y desastrosas incógnitas. Entre tanto pensar siempre me venía tu nombre. Venía, de distintas maneras. A veces como canción. A veces como felicidad y otras inmerso en una tristeza absoluta. Pero esa noche pensé en escribirte. Escribir y finalmente hacértelo saber. Dejar que la pluma corra sin detención y vos puedas leerlo en forma de carta pseudo melancólica, pseudo necesidad invariable. Lo pensé y ya el corazón latió más fuerte, lo pensé y al segundo estaba blanca, temblando como cuando estás a mi lado. Lo más ilógico es pensar que temblaba como si de verdad estuvieses leyendo, eso que no escribí, y eso que tampoco habiendo escrito te mandaría. Porque titubear no significa que de verdad vayas a leerme. Un día, puede ser, que llegues a leer todo lo que he escrito sobre ti, desde lo más profundo de mi soledad. Desde que te amo y soy yo por hacerlo, desde que ya no te veo y lo único que puedo imaginar es escribirte.Hay tanto que he escrito, guardado en un cajón, se pregunta si algún día podrá ser leído, función vital de texto, pero yo, lo condeno, por vos y por mí, a una vida de soledad, tal cual la mía. Lo condeno y me condeno de ser leídos.
¿Cómo pretender de los demás eso que ni yo puedo manejar? No quiero rebajarme, si soy tanto. No quiero cambiar, estoy conforme con ser así y con sentirme así, pero el cambio parece más necesario para los demás que para mi misma. Y que injusto es vivir por la expectativa ajena, vivir por el resto. Quiero ser y nada más.Y ¿para qué perderme en mis propias historias si son dignas puramente de la ficción? Y por más que quiera y mucho lo desee siempre permanecerán allí, donde deben estar, en el plano imaginario. Cuanto más quiera cambiar, más me voy a encerrar en fábula de escribir mil vidas que jamás serán realidad.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)